Kusama: Infinito

¿Cuántas personas saben lo que quieren hacer durante su vida? Algunos lo van descubriendo, otros tienen su camino trazado por herencia y un grupo más lo tiene incrustado en sus genes. Yayoi Kusama pertenece a éste último, desde niña sabía y quería dibujar para toda la vida. La artista japonesa, y considerada una de las más famosas del mundo, logró salir de la isla para seguir sus inquietudes y dedicarse a lo que más le apasionaba, pintar y expresar sus ideas.

Heart Lenz, el director de Kusama: Infinito, logró reunir una serie de documentos que ilustra el recorrido de la artista desde su infancia hasta su estado actual, refugiada a los 89 años en un hospital psiquiátrico creando su propio trabajo. Entre los testigos se suman  entrevistas que resultan confesiones jamás esperadas, siendo el mérito del documental reconocer que Yayoi fue una inspiración para los artistas reconocidos de la época. 

El relato es conmovedor y muy personal porque la misma protagonista, con su voz y figura delicada, narra lo difícil que fue para ella comenzar su carrera, con unos padres que se negaban a apoyarla, junto a una sociedad conservadora, sexista y racista que la obligó a defenderse con su propio arte, que fue una expresión innovadora y hasta intransigente para la gente de aquella época. 

Matsumoto, su ciudad natal y un pequeño pueblo en Japón, no pudo retenerla, su destino sería Nueva York, una ciudad cosmopolita que la arropó con limitaciones, influyendo su origen y género, además de que su técnica de puntos no era bien recibida por la crítica ni el medio artístico. 

¿Sabías que Andy Warhol le “tomó” una idea para después montarla en una de sus exposiciones? Pues este es un ejemplo de lo que es Yayoi Kasuma, que debido a la división de género no le dieron el crédito debido y reconocimiento por el que influyó en la técnica de muchos artistas de esos años. Agotada por el desaire de la ciudad, debía volver a Japón. 

Después de un largo tiempo consiguió el reconocimiento global, enviando sus obras a los museos de arte moderno de todo el mundo, inclusive montando una exposición en Matsumoto. Ahora desde su lugar de residencia utiliza los canvas para entregar al mundo todo lo que aún tiene en su cabeza. 

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