Las niñas bien

La adaptación a la obra homónima de Guadalupe Loaeza llega a través de la directora Alejandra Márquez Abella junto al reparto integrado por Ilse Salas, Cassandra Ciangherotti, Paulina Gaitán, Flavio Medina y Johanna Murillo como su núcleo principal. 

Su recorrido comenzó el año pasado, exhibiéndose en festivales como Morelia y Los Cabos. Ahora está por presentarse a nivel nacional y es donde comienza la verdadera muestra de lo que puede ser y significar esta cinta en el repertorio cinematográfico y contemporáneo en México. El título no necesita mayor explicación, solo es describir las anécdotas que suceden alrededor de este club social, y la particularidad con lo que lo hace Abella es como podría tener a Las niñas bien en un rango de distinción. 

La época, 1982. Sofía (Ilse Salas) muestra el vestido con el que aparecerá frente a sus amigos y familia el día de su cumpleaños. Deslumbrante. Su entorno necesita de exigencias para distinguirse y ser parte del jet set mexicano. Junto a su grupo de amigas que cada día se reúne en el club de tenis es como surgen las charlas y noticias de su lujosa realidad.  Sin embargo, el país no pasa su mejor momento y la estabilidad social y económica de su familia tocan el filo de este resultado. Esta condición nos enseña algo, que las crisis sacan lo mejor o peor de una persona, y si bien no distinguen clases sociales, estas situaciones originan resistencia a la realidad de cada uno.

En una entrevista concedida en el 2013, la escritora declaró su acercamiento a este grupo de mujeres, las conocía, sabía como pensaban, y la directora, aunque no profundiza en muchos detalles, muestra la batalla de clases y la superficialidad de los estratos más altos de la sociedad. El libro está sintonizado con entrevistas, a quince de ellas, algunas compartiendo sus secretos. Esas recreaciones deberían ser la materia prima de la cinta, hechos que delaten la frivolidad, lujos y disecciones del comportamiento de cada uno de sus personajes. 

La actuación de Ilse Salas es muy natural y acertada en su desenvolvimiento, apoyada del reparto que la acompaña. Tanto la fotografía, el vestuario y la recreación de los escenarios elevan el trabajo de un equipo que cuidó cada detalle para transportarnos a ese tiempo, retrato de una imagen que sigue manteniéndose, sin muchos cambios, hasta este momento. 

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